Por lo tanto, por un lado, cada persona debe sentirse humilde y, por otro lado, estar orgullosa de que el Creador nos haya dado la oportunidad… (Rabash, «El propósito de la sociedad – 1»).
De toda la humanidad, Él eligió a un puñado de personas y deseó que se acercaran a Él, lo revelaran y ascendieran a Su grado mientras aún vivían en este mundo. Esta vida no nos impide vivir en el mundo espiritual, y lo sentiremos hasta el final de la corrección….
El Creador nos ha dado la oportunidad de estar en una sociedad en la que cada uno de nosotros tiene un único objetivo: que la Shejiná (Divinidad) esté entre nosotros (ibíd.).
En otras palabras, revelar la presencia del Creador entre nosotros.
De esto se derivan varios principios. En primer lugar, necesitamos una sociedad que permita a cada persona reconocer la importancia de la vida espiritual.
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Por supuesto, suena maravilloso hablar de alcanzar la eternidad, la perfección y la libertad; de no depender de nadie; de poder lograr todo lo que deseamos; del éxito, la salud y la prosperidad que nos acompañan, de comprender toda la realidad y toda la naturaleza. Es fácil decirlo, pero una persona aún no lo siente.
En un breve artículo titulado «Ocultación y revelación del rostro del Creador – 2», Baal HaSulam describe hasta qué punto una persona cambia su percepción de la realidad al sentir el mundo espiritual. Su percepción del mundo se transforma en su opuesto.
Los problemas, el sufrimiento y todo lo malo en las personas y en el mundo que antes veía, de repente aparecen bajo una Luz opuesta. Resulta que todo es bueno y maravilloso, y que todo el mundo está lleno de la presencia del Creador. Una persona se siente en el nirvana, en una gran exaltación espiritual eterna, y todo su mundo está lleno de la fuerza de la energía espiritual.
Esto depende de cuánto exaltemos la meta en nuestro entorno. Solo podemos resistir nuestro egoísmo, que siempre nos empuja hacia atrás, si la sociedad «lava» nuestra mente y nuestro corazón con el mensaje de la importancia de la meta.
Además, esto debe hacerse de forma artificial. Del mismo modo, el mundo ordinario capta nuestra atención con cosas supuestamente importantes que debemos comprar, discutir y pensar. ¿Por qué? Porque es importante y rentable para alguien y, por lo tanto, llena mi vida con sus preferencias.
Por lo tanto, llenemos nuestras vidas con lo que es importante para nosotros. Tenemos esa oportunidad. Como escribe Rabash, debemos agradecer al Creador por habernos traído a un entorno a través del cual podemos revelar la dimensión espiritual.
Haz lo que puedas, y la salvación del Señor será como un abrir y cerrar de ojos (Baal HaSulam, Carta No. 10).
No se nos exige hacer nada más allá de nuestras fuerzas. El problema es otro, es que no aplicamos los esfuerzos de los que somos capaces.
Baal HaSulam continúa: Lo más importante ante ustedes hoy es la unidad de los amigos. Esfuércense cada vez más en ello, porque puede compensar todas las faltas. En otras palabras, no hay nada más importante. «Compensar» significa llenar, cubrir todas las fallas. Como está escrito: «El amor cubrirá todas las transgresiones».
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En realidad, las transgresiones no son nuestras, el egoísmo no es nuestro, el odio no es nuestro; todo esto fue creado por el Creador. Como está escrito: “Yo he creado la inclinación al mal”. Pero para revelar la conexión por encima de todo esto, nosotros, y específicamente nosotros, debemos hacer el esfuerzo.
Al conectarnos por encima del odio, alcanzamos un poder que nos eleva 125 grados hasta el mundo del infinito. Y por eso, en otra de sus cartas, Baal HaSulam escribe:
Les ordeno que comiencen a amarse unos a otros como a ustedes mismos con todas sus fuerzas, que sientan el dolor de sus amigos y se regocijen en las alegrías de sus amigos tanto como sea posible. Espero que guarden estas palabras mías y ejecuten este asunto al máximo (Baal HaSulam, Carta No. 49).
Trabajo y recompensa
Sin embargo, existe una ley natural según la cual nadie es tan sabio como el experimentado, y antes de que uno intente hacer realmente todo lo que puede hacer, es totalmente incapaz de alcanzar la verdadera humildad, en su verdadera medida, como se ha dicho anteriormente. Por eso debemos esforzarnos en Kedushá (santidad) y pureza, como está escrito: «Todo lo que tu mano pueda hacer con tu fuerza, hazlo», y comprende esto, porque es verdadero y profundo (Baal HaSulam, Carta 57).
Mientras trabaja en la unificación con el fin de formar una vasija para el otorgamiento, una persona cae en la desesperación. Entonces surge en ella una petición genuina, en respuesta a la cual llega la vasija. En otras palabras, la necesidad correcta de unidad también proviene de Arriba. Nosotros mismos somos incapaces de alcanzarla.
Por mucho que lo intentemos, que lo deseemos, solo nos estamos preparando para llorar, y el Creador nos da el deseo. En este mundo, una persona no tiene ni puede tener necesidad de unidad, por mucho que lo intente. Solo se necesitan esfuerzos para pedir. Te revelé esta verdad solo para que no te debilitarás ni renunciaras a la misericordia.
Aunque no veas nada, porque incluso cuando la medida del trabajo está completa, es el momento de la plegaria, pero hasta entonces, cree en nuestros sabios: «No trabajé y encontré, no lo creas». Cuando la medida esté llena, tu plegaria estará completa y el Creador te concederá generosamente, tal y como nos enseñaron nuestros sabios: «Trabajé y encontré, cree», pues uno no es apto para una plegaria antes de esto, y el Creador escucha una plegaria (ibíd).
En general, el resultado de nuestro trabajo es alcanzar la petición correcta. Y entonces llega la vasija, el deseo correcto de unidad. Por regla general, en este mundo esperamos la realización. Pero en el trabajo espiritual, es el esfuerzo. Si puedo trabajar para otorgar, esforzarme, eso en sí mismo está a mi alcance. Y no hay restricciones ni limitaciones al respecto. Sin embargo, en mi estado actual soy incapaz incluso de considerar tal cosa. Porque necesito de todos mis esfuerzos para querer otorgar a los demás, ni siquiera para comenzar a otorgar, sino para sentir la necesidad de hacerlo. ¿Es esto posible? Y, sin embargo, esto es precisamente la vasija espiritual.
Por eso, en nuestro trabajo pasamos por varias etapas de preparación. Los cabalistas han escrito sobre esto más de una vez: en la espiritualidad, lo que nos parece una recompensa es, en esencia, trabajo, y lo que nos parece trabajo es, en realidad, la recompensa. Sin embargo, como resultado de nuestros esfuerzos, esa misma vasija se nos revela, el deseo correcto.